La posibilidad poética de la canción
- cuervo albino
- 2 nov 2021
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¿Qué hace que una letra musical tenga valor poético? ¿Alcanza con analizarla en silencio, leyéndola como a un texto de Pessoa o Holderlin? otra pregunta común: ¿Qué es “más importante”, la música o la letra? Entre los creadores de canciones (así como a lo largo de la historia de la música) abundan respuestas para un lado y para el otro; quien dice que una buena letra va primero, y la música tiene que acompañar, y quien afirma que la música es la que llega directo al alma, y la letra es un adorno para la melodía. Sin más meandros, mi forma de verlo trata a esa letra de dos formas, expresadas en términos opuestos, pero que significan lo mismo:
1. Como a un “poema amplificado” es decir de palabras dotadas de un algo extra-lingüístico, pero también indisociable del mismo poema. El artífice, ya sea solo músico o también poeta, reviste a las palabras con adornos que evidencian ciertos costados del significado, ya sea amplificando la misma palabra (Los acordes luminosos de Haydn ante la palabra LUZ en la obra de la creación) o bien aportando una segunda interpretación, sumando así complejidad y ambigüedad (Un buen ejemplo es Blue Jay Way, la letra tomada literalmente solo habla de unos amigos del cantante que están llegando muy tarde a su reunión; sin embargo la música escalofriante nos hace sospechar que sucedió algo terrible); de manera similar a como se lo hubiera hecho con más elementos lingüísticos. Una analogía que se me ocurre es la de un poema ilustrado, o actuado. Estas analogías son parciales, porque hay un costado cultural que no podemos ignorar: por más que la primera edición (la “original”) de un poema sea ilustrado, el poema tiene una entidad cultural que se prestará a reediciones y traducciones que ignoren la ilustración, o la releguen a una última página. La canción funciona distinto, ya que rara vez tenemos la práctica de leer letras por sí solas, o de recitarlas en voz llana. La canción se nos aparece como un todo, y funciona culturalmente como un todo.
2. Sus palabras como elementos musicales jerárquicamente equivalentes a los demás. Sabemos que las palabras tienen un costado acústico (sus fonemas, su pronunciación), que en términos musicales podemos juzgar a nivel estético; y también de un lado significativo (lo que la palabra “significa”), que puede jugar un papel narrativo, emocional, etcétera. Si bien este nivel significativo, en tanto es comprensible por cualquier persona que conozca el idioma que se canta, podría situar a la palabra en un nivel jerárquico superior a los demás sonidos con los que se entreteje una obra musical; lo cierto es que cada elemento acústico que ponemos a disposición nuestra en la creación, tiene también un lado significativo. Se puede objetar que (dentro de la misma cultura) son más las personas que “saben” hablar y entender el idioma, que aquellas que “saben” lo que es un acorde menor; sin embargo estas personas que “no saben” sobre acordes y demás minuciosidades, conocen su sentido emocional, lo aprehenden inevitablemente, aunque sea a un nivel intuitivo y subconsciente (no en sentido freudiano, sino como sinónimo de inadvertido). Todos los elementos de la música son significativos, quizás en particular el timbre, evidenciado por la manera que un cambio de instrumento logra transportarnos entre épocas, culturas y emociones (imaginemos la misma melodía acompañada por un sitar indio, o con un cuarteto de cuerdas, o con sintetizadores y percusión). De no ser así, la música, y en particular la música instrumental, no tendría capacidad emocional ni narrativa, y se reduciría a un mero juego intelectual de permutación de valores, algo así como un juego televisado de sudoku.
Esta resolución me gusta porque acerca de una manera muy bella la creación lingüística/poética y la musical. En términos abstractos podemos decir que ambas formas trabajan con la combinación de sonidos que se juzgan en términos estéticos y simbólicos; para formar entramados a la vez acústicos y simbólicos. También me gusta porque no desdeña la simpleza de ciertas letras, al añadir una nueva dimensión de análisis, su relación con la música. Muchas canciones tienen letras que en términos poéticos son incoherentes, inconexas, repetitivas y hasta cacofónicas; pero al ver esas palabras como un elemento más de un discurso que puede manipularlas de manera exitosa, pueden volverse una letra excelente, en tanto cumple su función de manera que ninguna otra podría.
Si bien el valor del arte, o el juicio de su calidad es un tema complejo, provisionalmente podemos concebirlo como el éxito que tiene la obra en hacer llegar su intención; teniendo en cuenta que me refiero a la obra como el lugar de donde parte esa intención, para no caer en la antigua falacia de la “intención suprema del autor”. La calidad de una canción triste se juzga en su capacidad de hacernos empatizar con esa tristeza; así como una canción que busque plasmar la confusa incoherencia interna del mundo en que vivimos, se juzga en tanto deja en nosotros, aunque sea lateralmente, esa sensación. Esta sobresimplificación de un problema tan complejo tiene por objetivo evitar la dogmática y prescriptiva noción de la calidad del arte en relación a su acomodamiento entre un grupo de “reglas” o incluso “factores establecidos de calidad”, noción que si bien fue desterrada hace tiempo de todo análisis respetable, reaparece cada tanto en la opinión tanto académica como popular.



Siguiendo el costado acústico de las palabras creo que en este caso se encuentran en un bowl de racionalidad de un idioma estructurado que se ha planteado con un orden para cada oración, y luego, de la oración a la melodía. Está buenísimo analizar genuinamente como ciertas culturas desde el habla instintivo lo han llevado a lo musical. Onomatopeyico o representativo de algo, puesto sobre un peso sonoro y cambiante de alturas. Sin duda no hace falta ni irse al auge del renacimiento ni a la punta más lejana de África para pensar en estas cosas, hay matices, si, pero viendo los extremos históricos que se nos han planteado al analizar estos casos podemos llegar a conclusiones muy similares con…